jueves, 26 de marzo de 2009

Le Cirque Brisé

Aquí (y casi como en todas partes), la lluvia oscurece el ocre en el barro. Le daban forma pequeñas pisadas. Muy inquietas: un río de óleo que dejaba atrás todo aquello para llegar aquí. "Papá, un circo. ¡Un circo!" A todos les encantaban aquellos carteles tan coloridos. Querían ver los leones, las jirafas. Y aunque el cielo reflejase gris. Llueve bastante en esta época del año. Y qué sorpresa, ya lo creo. Se quedaban anonadados. "¡Rugidos de metal!" ¡Eran leones de madera! "Mamá, jirafas de cartón piedra!" Y "sí, hija, mira qué bonitas". Asomaban sus cabezas más allá de los barrotes, para poder mirar La Ciudad (los ojos de madera suelen expresar curiosidad, aunque no siempre, claro).

Por aquel entonces él solía escribir "wish I could fly". Por todas partes, pero con lápiz. A veces con carboncillo. Detrás de los bancos, en la corteza de algún tronco. En algún neumático abandonado. Sólo en lugares especiales (a fin de cuentas todos podrían serlo). Y eso era lo segundo que siempre más había deseado. Así que, ¿porqué no iba a escribirlo?


A "Le Cirque Brisé" le cubrían las estrellas. Puntitos amarillos, de plata. Y todos. Todos. Quedaban maravillados. Y al despertarse al día siguiente no podían evitar sentir nostalgia. De todas aquellas marionetas danzantes, de los acróbatas volantes. Era un regalo que, surgido del cielo de una lona, había curiosamente acabado en esta explanada. En que (y casi como en todas partes), la lluvia oscurece el ocre en el barro.

Hizo rápido el equipaje: sólo una bolsa de mano. Hablando en voz alta, como si estuvieses por allí. Con tu pelo ondulado lleno de mechones traviesos, con tu pañuelo de cuadros o bufanda de rayas. Él siempre había querido marcharse, hacer solo un viaje, pero nunca dispuso de la suficiente fuerza. Necesitaba una buena razón, ¿y qué mejor que un circo estrellado?

Así que "wish I could fly". Y marchó.

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