Emergió a la superficie como un violento león; según lo previsto. Su bocanada desgarró el aire y partió el azul en dos, creando el cielo y debajo; el mar. Se mantuvo tranquilo en el leve vaiven por un instante, con los ojos cerrados y su mente en blanco. Al abrirlos observó la delgada línea y después, el árbol que junto a él, trepaba; seguramente desde los confines más oscuros de las profundidades; justo allí donde daba comienzo el mundo en cada momento y donde él habia estado.
Se alzó sobre una rama y despacio se puso en pie, descubriendo su cuerpo desnudo y claro. Con los dedos de las manos y de los pies, alcanzó algunas hendiduras y comenzó a trepar. Sentía el aire al refrescar su piel mojada; las gotas que caían por toda ella. Del pelo especialmente, de los mechones oscuros que bajaban a su torso y espalda, y después a los brazos y piernas.
Abrazado a su cima respiró, de nuevo. Sentía el sol cálido y debajo, la sangre por sus venas circular. Se encontraba subido al árbol que hay en el mismo centro del océano. Saboreó la sal en sus labios y observó aquello que se extendía frente a él en cualquier dirección que pudiese encontrarse. Observó, y no encontró un placer más profundo.
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