Nada dura eternamente. Yo, por mi parte, suelo comer frutas que encuentro colgando de los árboles. Pequeñas fresas en pequeños pueblos. Otras las guardo para otros tramos de camino. A veces, cuando no me queda nada, suelo morder en la distancia. Un pedazo de camino con algunos arbustos. La falda de una montaña.
Nada dura eternamente. Y en momentos de hambruna es siempre aconsejable no desesperarse. No deben matarse animales, se recomienda no robar. Mendigar por las esquinas está bien. Pedir pedazos de pan. Recuerdo cuando solías ponerte a parte y llorar, pues no encontrabas una salida. Y desde fuera todo es muy fácil, desde dentro demasiado complicado.
Nada dura eternamente. Y en momentos de hambruna es siempre aconsejable mirar en los ojos de aquello que siempre te hizo estar saciado. Es por eso que te imagino aquí conmigo. Te imaginé ayer, en aquel camino. Y bien sabes que mañana volveré a dejarte una nota en cualquier senda. En el agua del río. Sólo por si algún día te apetece venir a buscarme. Es por eso que te imagino allí conmigo. Y nunca te he conocido. Jamás te hablé.
Nada dura eternamente. Excepto tú y yo. Yo contigo.
Gracias por este pedazo de amor que nos regalas!
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